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11. Agosto 2010 por admin.
Artículos/ Ser o no ser… libres, ese es el dilema

Las bibliotecas independientes constituyen una fuerza cierta de la sociedad civil cubana; a duras penas consentidas por el estado totalitario. Ya desde el año 2000 las redes oficialistas de bibliotecas estatales en conjunción con organismos internacionales en los que estas participan y con la colaboración de simpatizantes del régimen pertenecientes a estos organismos emitieron un informe desacreditando el proyecto civilista. En las páginas de internet se puede consultar la respuesta a dicho informe, publicada por el autor del presente artículo.
Por Miguel A. García Puñales*
Madrid, 10 de agosto/ CENINFEC/ La más antigua de la redes de bibliotecarios independientes de Cuba reconocidas es sin lugar a dudas la del Colegio de Pedagogos Independientes; aunque su aparición en la escena cultural cubana no tuvo la extensión ni la notoriedad internacional que poco tiempo después alcanzara el Proyecto de Biliotecas Independientes de Cuba (PBIC).
Mas tarde se han configurado nuevas redes - algunas escindidas del PBIC- que van reflejando no sólo diferentes concepciones del quehacer bibliotecario sino incluso la necesaria especialización, el acercamiento a la comunidad y los vinculos entre diferentes entidades de la sociedad civil.
El viejo dilema entre fondos centralizados y descentralizados o entre estanterías cerradas o abiertas no cabe en estas pequeñas unidades de información, imposibilitadas de ejecutar un préstamo interbibliotecario efectivo o de configurar un catálogo colectivo con tales fines, mientras que sus pequeños fondos bibliográficos con soporte en papel no meritan el clásico sistema bibliotecario de fondos cerrados. Sin embargo la extensión bibliotecaria se vislumbra como el servicio por excelencia en un tipo de unidad cultural estigmatizado por las fuerzas represivas.
Al margen de la represión, dos grandes problemas confrontan las diferentes bibliotecas sin importar a qué red estén integradas; el primero, la imposibilidad de ampliar adecuadamente sus fondos, dada la carestía del soporte en papel y los limites de espacio establecido por la propia ubicación de estas unidades (casas de familias). El segundo y no menos importante, la inexperiencia en términos de profesión bibliotecaria de la gran mayoría de aquellos que reconociendo la necesidad del servicio se aprestan a organizarlo en bien de la comunidad, a pesar de los riesgos que ello implica en las condiciones políticas del país.
Para el primero de los problemas se vislumbra una solución a través de la información con soporte digital y servicios mediante extensión bibliotecaria, lo que según la práctica internacional demostrada, permitiría en un entorno sin acceso a redes on line diseminar la información off line por el simple ejercicio de descargas de copias (este sistema era utilizado antes de la Internet e incluso muy utilizado por las unidades especializadas de las bibliotecas oficiales cubanas antes de su conexión a la intranet). El segundo de los problemas dependerá de la capacidad de las propias redes para formar en la práctica a sus miembros.
No obstante suponer que las redes de bibliotecas independientes en Cuba -a pesar de los esfuerzos de los coordinadores- llegarían en breve a un verdadero funcionamiento en intercomunicación de servicios, nos parece utópico dada las condiciones políticas, represivas y carencia de recursos; es bueno recordar que las personas que prestan servicios en las bibliotecas independientes lo hacen de forma voluntaria y utilizando la parte del tiempo libre que les deja la lucha por la supervivencia en un país con una larga data de crisis económica general.
Una idea para debatir, a pesar de su complejidad - no solo para las bibliotecas, sino incluso para otras asociaciones de la sociedad civil cubana- sería la búsqueda cooperada de fuentes propias de desarrollo sostenible de la actividad. A partir de las ayudas puntuales para el despegue de actividades económicas; dirigidas estas a lograr el necesario autofinanciamiento. Las experiencias para el logro de la supervivencia en movimientos civilistas similares tras el antiguo Telón de Acero, podrían servir de ejemplo.
*Bibliotecario Independiente exiliado, cofundador del PBIC. Profesor e investigador de la Educación Superior cubana, dirigió la Escuela de Bibliotecarios Médicos y cursos de especialización en la rama de Información Cientifico-Técnica y Bibliotecología. Coordinó la red Nacional de Información Científica y Bibliotecas Médicas de Cuba y sus proyectos de desarrollo. Miembro del Comité Nacional de Planes y Programas de Formación Bibliotecaria (Academia de Ciencias-Universidad de La Habana), asesor temporero de la OPS -Organización Panamricana de la Salud- en el área de Información Científico Médica y representante del MINSAP ante el extinto CAME en el tema de información científica. Coordinador y coautor del Proyecto para el Desarrollo de la Información Científico Médica en Cuba, desarrollado bajo los auspicios y financiamiento de la OPS; proyecto años después conocido por sus siglas comerciales INFOMED.
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16. Abril 2009 por admin.
Articulos/ Desde la otra orilla

Parece que este es un buen momento para hablar de la red de bibliotecas independientes de Cuba, ahora que el Presidente norteamericano haya eliminado las restricciones para viajar a la isla y que las reacciones, cuasi unánimes, hayan sido positivas si exceptuamos, claro, las del propio compañero Fidel, en un estertor de bravuconería cesárea, y las del exilio cubano, dividido entre la esperanza del reencuentro y la oscura certidumbre de que las dictaduras no merecen trato ventajoso alguno. Enlace a publicación original. Futuro del libro. Madrid.
Por Joaquín Rodríguez
Madrid, 15 de abril/ Futuro del Libro Blog/ Sea como fuere, al menos desde el año 2000 si no antes, existe en Cuba una red de bibliotecas independientes que pretende difundir entre la población, sin censuras ni represiones, aquellas ideas que el régimen policial no permite divulgar.
No albergo simpatía alguna por ninguno de los regímenes: por aquel que a la cabeza de Nixon con el brazo ejecutor de Kissinger se encargaba de desestabilizar los gobiernos hispanoamericanos ni por una Cuba policíaca, opresiva y autocrática en cuyas cárceles permanecen presos políticos y en cuyas calles pululan los delatores voluntarios y forzosos (hay que leer el imprescindible Las manos cortadas, de Luisg. Martín).
Mantengo, sin embargo, una admiración indeleble por aquellos que se atreven, en las corrosivas circunstancias políticas de la isla, a intentar propagar ideas y libros, de manera rudimentaria y sin medios, con la sola fuerza de su convicción y la entereza de quien teme poco a los desabarros de la fuerza. Puede que Obama, a propósito, haya pensado que, además por razones humanitarias y estrategia geopolítica, la estrategia más inteligente para forzar la apertura democrática de la isla sea la de inundarla de turistas, dólares e ideas.
En las bibliotecas cubanas reguladas por el gobierno, como puede leerse en Bibliotecas, ¿para qué?, es que “los lectores chocan siempre con la categoría del no. No hacen prestamos bibliotecarios. No tienen un servicio de hemeroteca. No existen accesos a intra e Internet. No hay diccionarios para cotejar dudas, ni enciclopedias universales, ni diccionarios cubanos, ni de literatura, ni de sinónimos. No hay sala de música. Tampoco libros de Félix Varela, Moreno Fraginals o Le Riverand, esos sendos historiadores de Cuba. Ni siquiera de Ramiro Guerra que nació en ese municipio”.
Su oferta bibliográfica, al unísono con la carestía generalizada, “cabe en una cuartilla de 8×11cm. Peor: encuentras que están repetidos unas y veinte veces más, sin clasificar”. Y aunque quizás sea una temeridad convertir un caso individual en una categoría global, sospecho que la mayoría de las bibliotecas populares podrían ser descritas de la misma manera: “No cuentan con ofertas de fotocopia, asesoría especializada, catálogos ni archivos. Escasean por abrumadora mayoría las ediciones de centenaresde libros publicados en la isla, seis años atrás. No poseen la colección de Fernando Ortiz, el sabio y descubridor cubano. En fin…Se trata de una biblioteca desactualizada y anquilosada en el pasado como el primer día. Desde su inauguración, nadie ha tomado carta en este asunto. Y uno se pregunta: biblioteca, ¿para qué?”.
Pero, ¿cabría esperar que en un regimen basado en la restricción y persecución de las ideas alternativas se alentaran los espacios donde pudieran consultarse y discutirse? No lo creo. Se ha denunciado en algunos sitios que la red de bibliotecas independientes de Cuba es parte de una estrategia norteamericana que tiene como “deplorable” propósito, según los mismos denunciantes, proporcionar contenidos relacionados con “transiciones a la democracia, los derechos humanos y las economías de mercado”, una abominación, vamos.
Según Reinaldo Cosano, director de las Bibliotecas Independientes de Cuba, las actividades que desarrollan son incompatibles con un régimen monolítico, pero esenciales para un sistema democrático: “Han sido numerosas las actividades realizadas, incluso nuestras
bibliotecas han sido marcos para realizar actividades relacionas con la cultura.

Profesor Reinaldo Cosano
Hemos tenido concursos literarios, sobre economía, se han impartido cursos laborales, sindicales. Tenemos la biblioteca circulante que es una parte fundamental de nuestro trabajo. Hace aproximadamente un año estamos realizando una actividad llamada, “Club de amigos de los Derechos Humanos”. Un día a la semana nos reunimos un grupo de amigos, vecinos, opositores, usuarios de la biblioteca, los viernes en la noche nos reunimos, debatimos algún artículo de la Declaración de los Derechos Humanos. También hemos realizado concursos por el Día de la Tierra, y por el Día del Medio Ambiente. Las bibliotecas, son un foco de difusión cultural-social en nuestra comunidad”.
Debatir artículos de la Declaración de los Derechos Humanos rodeados de las voces disonantes y discrepantes de otros autores que no sean los autorizados por el régimen, firmantes, además, de un manifiesto a favor de la democracia. Si nos tomamos en serio nuestro oficio de editores, que no es otro que el de hacer circular libremente las ideas libres (o liebres), no puedo sino admirar el valor de los bibliotecarios independientes cubanos.
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